Ni Carlos Alcaraz, Jannik Sinner o Novak Djokovic. Tampoco Casper Ruud, finalista de dos de las últimas tres ediciones de Roland Garros. El jugador con más triunfos sobre polvo de ladrillo en las últimas cuatro temporadas es argentino y se llama Sebastián Báez. Acumula 78 triunfos desde 2022, cuando conquistó su primer título ATP en Estoril. Y ahora, tras vencer con autoridad por doble 6-2 al húngaro Marton Fucsovics, definirá el ATP 250 de Bucarest ante el italiano Flavio Cobolli en busca de su octava corona.

No tiene un gran saque, aunque lo mejoró notablemente. Tampoco un golpe dominante, como por ejemplo el drive de Francisco Cerúndolo que le está permitiendo al número 1 de Argentina competir de igual a igual contra los mejores del mundo en todas las superficies. Pero sí la fortaleza mental para no quedarse atado a los errores, la capacidad para jugar realmente punto por punto sin alejarse ni un ápice de su plan estratégico y la habilidad de pasar rápidamente la página luego de tramos de la temporada, especialmente sobre cancha dura, en los que las derrotas se suceden.

Así es que hace casi tres años está instalado en el top 50 del ranking ATP, a excepción de un corto lapso de tres semanas en julio de 2023 en que salió de ese selecto grupo. Jugará este domingo su décima final sobre su superficie predilecta, cifra que sólo supera Alcaraz. Y buscará ante Cobolli igualar la marca de títulos del español en ese período. Es claro: las estadísticas ponen el argentino de 24 años, un pequeño de 1,70 mts, a la altura de los gigantes, aunque está a la vista que consigue la mayoría de sus éxitos en torneos de menor valía.

La diferencia de rendimiento en cada superficie es notoria. Los números lo reflejan. Acumula 78 victorias y 38 derrotas sobre polvo de ladrillo, un elevado 67% de efectividad, mientras que en cancha dura suma 20 triunfos y 48 caídas (29%) y en césped 3 y 7 (30%). Los resultados recientes también lo marcan: luego de ser bicampeón del ATP 500 de Río de Janeiro y finalista en Santiago de Chile, cayó en el debut en los Masters 1000 de Indian Wells y Miami para volver ahora a una final, en Bucarest.

Sin un servicio potente ni la capacidad que tienen otros jugadores para generar tiros ganadores con facilidad a partir de la velocidad de sus golpes, el juego de Báez se basa en trabajar los puntos desde la línea de base. Aunque con la profundidad de sus impactos busca meterse dentro de la cancha y acortar los puntos, muchas veces termina sacando provecho de largos intercambios. Destaca su consistencia y también su habilidad para defenderse y contragolpear.

En cemento, en cambio, todo eso se le hace más difícil: la velocidad de un circuito ATP en el que cada vez se juega más fuerte, lo que incluso fue motivo de críticas de figuras importantes como Rafael Nadal, Alex De Miñaur o el entrenador Patrick Mouratoglu, hace que los puntos sena más cortos y le quita opciones a jugadores de «pico y pala». Otro dato que refleja sus problemas al jugar sobre esa superficie: aún no logró victorias en todo el 2025 y eso que no enfrentó a rivales de peso. En Miami, por ejemplo, cayó ante el italiano Matteo Gigante, el 217 del mundo en ese entonces.

Antes de arribar a Río de Janeiro, Báez había ganado apenas 16 de los últimos 42 partidos disputados y bajó al Challenger de Rosario para recuperar las buenas sensaciones. Encontró señales positivas pese a la derrota en semifinales frente al boliviano Hugo Dellien, pero aún estaba falto de confianza e inició la gira sudamericana con muchas dudas. En este contexto, la derrota en la segunda ronda del Argentina Open ante Thiago Seyboth Wild fue un duro golpe que profundizó la crisis y ponía en jaque su lugar en el ranking, con muchos puntos por defender.

«Hay una anécdota que puedo contar. No estaba seguro de venir a Río por los resultados, por cómo me venía sintiendo. Jugué con Seyboth Wild el miércoles y ya el jueves teníamos que decidir. Ahí Guti (Sebastián Gutiérrez, su entrenador) me dijo que sacara el pecho, que había que bancar la parada, que siguiera luchando fuera cual fuera el resultado y que lo afrontara con valentía. No estaba seguro, pero fue una muy buena decisión», dijo en la conferencia de prensa posterior a su consagración.

Esta es la historia de Báez. Cuando llega la temporada de polvo de ladrillo, sin necesidad de mucho tiempo de adaptación, se transforma. Luego de la final de Bucarest, donde buscará igualar a Gastón Gaudio en el séptimo puesto entre los argentinos con más títulos ATP, llegará el Masters 1000 de Montecarlo y buscará llevar su tenis a otro nivel. Tendrá un complejo debut ante el checo Thomas Machac, el número 21 del mundo.

Más adelante, el desafío será llevar al resto de las superficies esos grandes resultados que año tras año repite en el suelo naranja.



Fuente Clarin

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