Hasta ayer, el Auckland City fue la cenicienta de la Copa del Mundo de Clubes de la FIFA en los Estados Unidos. Fueron vapuleados en su debut: 0-10 frente al Bayern Múnich que no le tuvo piedad. Y después se comió seis con Benfica. Su performance despertó críticas impiadosas. «Un equipo semiprofesional y anti competitivo», esputó desde su cuenta de X el famoso Mister Chip, que además cuestionó la presencia de los neozelandeses en este Mundial. Si hasta el propio Miguel Ángel Russo relativizó la goleada de los alemanes argumentando que habían jugado contra un equipo amateur. Pero claro, el empate con Boca cambió la perspectiva con la que miran el torneo y «los kiwis» (ferreteros, maestros, empleados de comercio todos ellos…) regresan a Nueva Zelanda como verdaderos héroes.

Fue una verdadera aventura la de los jugadores del Auckland City llegar al Mundial de Clubes. No clasificarse, ya que son «la superpotencia del Pacífico» con 11 de las últimas 13 Champions de Oceanía. Sino subirse al avión.

Para eso, la primera medida que tomaron fue desestimar la posibilidad que les daba FIFA de viajar en first class y pasar a «clase turista» para sumar a sus cuentas los 4 mil dólares de diferencia. Un montón de plata para estos jugadores amateurs. Clin caja. Antes, la mayoría de los futbolistas tuvo que pedir permiso en sus trabajos o sacar vacaciones para viajar a los Estados Unidos. Es el caso de su capitán, Mario Ilich, que es Jefe de Ventas en Coca-Cola y sacó vacaciones para estar en la cita.

Obviamente, el caso más notorio es el del pelado Christian Gray, el maestro de escuela que le hizo el gol a Boca. El hombre que trabaja en la Escuela Intermedia Mount Roskill y la Escuela Primaria de Auckland aseguró un millón de dólares que se repartirá entre los futbolistas-laburantes del Auckland se convertirá en un verdadero mito de aquel lado del mundo, en el fútbol de Oceanía.

«Soy profesor. Trabajo en la escuela y también estudio a tiempo completo. Ayudo a los iniciantes, así que también hago un poco de coaching», contó Gray tras el triunfo (así lo tomaron ellos) con una tranquilidad desesperante.

«Creo que cuando llegue a casa, tengo algunas tareas esperándome. Eso es a lo que volveré. Todos los chicos volverán a sus trabajos diarios, esa nuestra realidad», siguió.

Pero también hay un ferretero, el arquero Connor Tracey, y un trabajador todoterreno como el arquero Sebastián Giganta que además de parquero y trabajar en la cosecha de kiwis su último trabajo era el de piletero.

Después del empate con boca, el español Gerard Garriga, uno de los privilegiados que recibe un sueldo porque, además de jugar, trabaja como entrenador en la academia del club, contó cómo es el día a día de los futbolista del equipo neozelandés.

«Es algo histórico loque hemos logrado hoy, luchamos, un David contra Goliat. Un equipo como Auckland City, olvidado del otro lado del mundo… entrenamos tres o cuatro días por semana, trabajamos hasta las seis para ir al gimnasio y no tenemos todo loque tienen los otros. En el fútbol, si sueñas, das todo, viene la recompensa», dijo el español que se fue a Nueva Zelanda hace 8 años para mejorar su inglés.

«Para nosotros esto (el empate con Boca) es más que ganar la liga de Nueva Zelanda. Esto es muy grande», siguió.

Y luego se despachó contra los que lo criticaron tras la goleada frente al Bayern Múnich: «Se dijo de todo de nosotros, que no podíamos estar aquí. Que tenían que cambiar el formato… pero hoy demostramos que seguimos vivos. El Bayern nos metió 10 goles pero lo tomamos como lo que somos, un equipo amateur. Sabíamos que iríamos mejorando durante el torneo».

Por si no se entendió, Garriga apuntaba a la prensa que los destrozó tras los 16 goles que recibieron en los partidos frente a los alemanes y a los portugueses. Y, unas horas después, hasta se dio el gusto de responderle al español Mister Chip y El Chiringuito, donde habían sido maltratados. Por las dudas, también arrobó al diario Olé, para que el mensaje llegara a la Argentina.

«La gente que estais comparando a la Costa Rica de 2022 con el Auckland City, un equipo absolutamente semiprofesional y anticompetitivo al más alto nivel… estais bien de la azotea», escribió Mister Chip tratando de sacarle cualquier tipo de épica a la presencia de los neozelandeses.

Jerson Lagos, el delantero y peluquero del Auckland, le dedicó unas palabras a su mujer: «Ya estoy en casa».

La semana que viene, los futbolistas del Auckland volverán a sus vidas de personas normales sabiendo que lo que lso atravesó en el Mundial de Clubes es una situación única: «Si me hubiera quedado en España, nunca hubiera vivido una experiencia como esta», dice Garriga.





Fuente Clarin

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