Si la superficie continental de la Argentina es de 2.780.085 kilómetros cuadrados, ¿cuánto de este territorio corresponderá a canchas de fútbol? Parte del secreto del milagro argentino con la pelota tiene que ver con eso, la cantidad de clubes, ligas y futbolistas que hay desparramados en cada una de las provincias de este país. Y algunos, de un día para el otro, se convierten en noticia, como pasó en Totoras, municipio ubicado unos 50 kilómetros al norte de Rosario.
Allí, en esa franja de campo y cuna de cracks donde nacieron Messi y tantas estrellas, la Liga Regional Totorense, fundada en 1933, genera más atención que la Champions League europea. Y el partido entre Unión de Clarke y el Juniors de Totora, dirigido por el ex Racing y Colón, Adrian «el Polaco» Bastía, se robaba toda la atención de la fecha.
Pero lo que pasó no fue solamente un partido sino también un relato que en otro tiempo hubiera corrido de boca en boca y de pueblo en pueblo, y que gracias a los teléfonos celulares y las redes sociales ahora tiene registro en la realidad. Un episodio aislado, extraño y tan curioso para el axioma futbolero que tranquilamente podría haber sido producto de la imaginación de Roberto Fontanarrosa, otro oriundo de estos pagos.
Una jugada inverosímil y hasta simpática. O solamente inverosímil porque a los hinchas de Unión de Clarke (localidad de 1.200 habitantes cuyo verdadero nombre es Carrizales), no les habrá gustado nada. O como diría el Negro, habrán puteado de lo lindo.
El protagonista fue un tal Funes, siguiendo con las referencias literarias. Así se llama Juan Funes, el arquero de Unión de Clarke que debe haberse enfrentado mil veces mano a mano con delanteros de todo tipo, ganando y perdiendo, con atajadas imborrables y actuaciones heroicas, pero que en estas horas debe estar lamentándose porque se hará famoso por la ocasión en que peor lo hizo.
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— 0800CJ (@0800Cj) April 3, 2025
Unión ganaba 1-0 y se engolosinó tanto en un avance que quedó demasiado mal parado para la contra de Juniors, un ataque certero que se inició con un pelotazo de esos que son medio gol. El bueno de Funes se supo llamado al deber, se arremangó y se plantó ante el avance de Ignacio Hernández como si fuera Emiliano Martinez haciéndole frente a Kolo Muani… aunque en este caso se trató de un Dibu desorientado, como si recién se bajara de una calesita a toda velocidad.
«¿Qué hace el arquero?», se preguntó sin entenderlo el apasioando relator de Deportivas Publicidad, el medio presente en el lugar. Funes quedó a un costado del arco, a unos cinco o seis metros de donde debía ubicarse para iniciar el achique, Funes dándoele vía libre al atacante para que definiera a su gusto. Y allí Hernández, bicho, tuvo la lucidez que (gracias a Dios) le faltó al compañero de Mbappé en Qatar 2022: tocó la pelota hacia el medio para que Iván Squillaci, con apellido de goleador, empuje y marque el empate, que luego fue victoria.
Para darle más color al asunto, Funes terminó pegando contra el costado de la red en su afán por ir a tapar el gol. Sí, contra el costado de la red. Dicen que cuando la pelota pega ahí es inatajable para el arquero, en este caso habrá que rescribir la frase.