No eran pocos los que vislumbraban un futuro de crack en Andrés Miguel Grande, el futbolista que se destacó en las juveniles de Argentina en los primeros años de la década de 1990. Y los que apostaban fuerte por el mediocampista derecho de Argentinos Juniors eran, entre otros, los entrenadores Reinaldo Carlos Merlo, Alfio Basile y José Néstor Pekerman. “Fui el nene mimado de todos en el Mundial de Estados Unidos 1994 y hasta no estuve tan lejos de jugarlo”, avisa. Pero Grande pasó de niño prodigio a casi el anonimato en un puñado de años producto de distintas lesiones de rodilla y otras cuestiones del destino.
“Muchas veces me preguntan si hice la carrera que esperaba por cómo la comencé. Yo también me lo he preguntado durante años. Pero con el tiempo cambié al interrogante a si fui feliz jugando al fútbol. Y yo disfruté un montón de entrar en una cancha de fútbol jugando para Argentina, para Argentinos o en los equipos del ascenso de Italia. Conozco a grandes futbolistas, que han jugado en los mejores equipos del mundo, que no saben contestar con certeza si fueron felices o no. Yo, sí”, analiza Grande (48 años), quien en la actualidad trabaja en las inferiores del Bicho de La Paternal. Y sigue: «Lo que más amaba era estar adentro de un campo de juego y pude pisar el Camp Nou, el Parque de los Príncipes, el Bernabéu. No cambio nada de lo que hice».
Andrés Grande llegó a Argentinos Juniors a los 5 años (lo llevó Ramón Maddoni tras observarlo en Chacarita) y debutó con 16 años, 7 meses y 20 días, el 12 de septiembre de 1993 contra Gimnasia y Tiro de Salta. Es el cuarto futbolista más joven en ponerse por primera vez la camiseta del Bicho, solo por detrás de Diego Maradona (15 años, 11 meses y 20 días), Juan Carlos Vichera (16-1-19) y Fernando Redondo (16-3- 23). “En Argentinos te enseñaban a jugar al fútbol y a muchos les daban la oportunidad. ‘Entrá y divertite’, fue lo que me dijo Chiche Sosa, el entrenador. Para mí fue cumplir un paso más porque cuando debuté en la Primera jugaban todos los chicos que yo ya conocía del club, como Traverso, Dollberg, Gancedo, Pininito Más y otros. En la camada mía estaban Juampi Sorín y Sebastián Pena; unas categorías más abajo Juan Román Riquelme, que siempre fue un crack. La verdad es que no te ponías muy nervioso cuando pasabas a Primera porque casi que no te dabas cuenta”, le asegura Grande a Clarín.

Las actuaciones de Grande en en las inferiores de Argentinos llamaron la atención de Reinaldo Carlos Merlo, quien lo citó para jugar el Sudamericano Sub-17 de Colombia en enero de 1993, donde consiguieron la clasificación al Mundial de Japón dejando en el camino a Brasil, cuya estrella principal era Ronaldo. “Unos años después me lo crucé jugando la semifinal de la Copa del Rey, él en Barcelona y yo en Las Palmas, y cambiamos las camisetas. Nos conocíamos de tanto enfrentarnos; era un distinto”, recuerda.
Las cosas, de todos modos, no fueron bien en el Mundial que se disputó en agosto en suelo asiático: el elenco de Mostaza quedó eliminado en primera ronda. “Empatamos 2-2 contra Australia, donde hice un gol de penal, y perdimos 4-0 contra Nigeria. Después, le ganamos 5-0 a Canadá y no nos alcanzó por diferencia de gol. Ese día metí un gol a lo Maradona: los gambeteé a todos”, asegura. Y hay que dar fe: el resumen del juego se encuentra en YouTube y el gol de Grande es un golazo maradoniano.
El nivel de Grande en el Sudamericano y en el Mundial Sub-17 fue tan alto que Mostaza Merlo lo citó para jugar el Torneo de las Américas Sub-23 de Colombia, en febrero de 1994. Grande, con solo 17 años, compartió plantel, entre otros, con Guillermo Barros Schelotto, Marcelo Delgado, Federico Domínguez, Hugo Morales, Pablo Michelini y Diego Cocca. “Anduve bien en Colombia, en los partidos y en los entrenamientos, y cuando volvimos el Coco Basile me llamó para formar parte de la preparación del Mundial 1994. Yo estaba con Ariel Ortega, que terminó yendo, y con el Chelo Delgado, que se lesionó. En Ezeiza éramos 26 o 27 entrenando. Yo sabía claramente que iba a estar afuera, pero hice la preparación a la par de Maradona, Redondo, Batistuta, Caniggia y Ruggeri. Tal vez si se caía alguno me citaban a mí”, confiesa.
-¿Pensaste en algún momento que podías jugar el Mundial?
-Yo sabía que era el que menos chances tenía porque era muy chico. Pero era el mimado de Mostaza y de Basile; incluso me llevaron a Estados Unidos para estar con el plantel. El Coco me decía que lo encare a Ruggeri en los entrenamientos; yo volaba en ese tiempo.
-¿Estuviste en Estados Unidos junto al plantel?
-Claro. En ese momento se usaba eso de llevar a algún juvenil para sumar experiencia. Concentraba con uno de los utileros, Manolo, y estaba mucho en la habitación de Sergio Vázquez. Si no pasaba lo de Diego, a ese Mundial lo ganábamos de punta a punta porque estaban todos afilados.
-¿Qué te acordás del doping de Maradona?
-No mucho porque yo era el último en enterarme de todo. Lo recuerdo como un día de tristeza e incertidumbre. Después del control antidoping el vestuario era una fiesta porque se había conseguido el objetivo de la clasificación. Fue el quiebre.
-Tendrás varias anécdotas con Maradona.
-Sí, pero del Mundial no tantas porque ahí se entrenaba, se descansaba y no mucho más. Pero tengo una linda historia de cuando estábamos en la Sub-17. Un día fuimos con un compañero de Argentinos a entrenar a Ezeiza y no teníamos botines. El utilero Manolo fue al vestuario y nos trajo dos pares de Maradona. Nos contó que el único que aceptaba prestar los botines en la Mayor era Diego. Me quedaban tres talles chicos, pero igual me los puse. El utilero después le contó a Diego que dos chicos de Argentinos no teníamos botines y él llamó a Puma y nos hizo firmar un contrato con la marca; nos dieron botines, zapatillas y ropa.

Después de la experiencia del Mundial de Estados Unidos, Grande jugó el Sudamericano Sub-20 de 1995 en Bolivia, ya con José Pekerman como entrenador. Pero no pudo estar en la consagración de Qatar por un lesión. Y en ese tiempo fue vendido a Las Palmas tras 24 partidos en Argentinos. “Me costó la adaptación porque en ese tiempo en España se jugaba mucho al pelotazo; era más físico. Además, todos usaban el 4-4-2 y me ponían por el medio o por la banda. Yo estaba acostumbrado a jugar de 8 al costado del 5 y con un enganche adelante”, cuenta.
Grande jugó dos años en Las Palmas (lo dirigió Ángel Cappa y tuvo de compañeros a José Flores, Walter Pico y Alejandro Simionato), pasó a Bastia de Francia y en el año 2000 regresó por dos temporadas a Ferro, donde completaría 25 partidos. “Ahí me rompí por primera vez la rodilla y ya nada fue igual. En total, tengo 5 operaciones. Las lesiones fueron determinantes en mi carrera”, dice.
Después de la experiencia de Ferro, Grande estuvo en Geugnon de Francia y permaneció una década jugando en distintos clubes del ascenso en Italia: es el ídolo máximo de Belluno; lo apodaron “Motorcito”. En tierra italiana, además, junto a su compañera Gabriela tuvieron tres hijos: Valentino, Michele y Faustina. “Me retiré en 2010 y sentí un vacío terrible. Estar libre los sábados y domingos no es fácil. La llegué a pasar un poco mal. Después, un año más tarde, volví a Argentina ya con el título de entrenador y pasé por Tristán Suárez, Defensa y Justicia y Estudiantes de Caseros. El año pasado fui a Chipre a dirigir a un equipo de Segunda División, Ayia Napa, pero no me quedé por una cuestión familiar. Y me llegó la oportunidad de Argentinos. Volver al club que me vio nacer tras casi 30 años es una alegría y un orgullo”, cerró.