Hace tiempo que en el deporte profesional de las mejores ligas de Estados Unidos, integradas por franquicias con dueños multimillonarios de mentalidad empresaria a largo plazo, se entiende que los equipos tienen ciclos. Ninguna dinastía dura para siempre. Y cada mandamás le encarga al manager general un proyecto deportivo con pasos anuales, para que cada ladrillo construya la base sólida que luego permitirá cosechar los frutos. Si es con un título, muchísimo mejor.
Oklahoma City Tunder es el claro ejemplo de esta política en la actual temporada de la NBA. Un equipo que en Argentina probablemente no siga nadie ni cautive a enormes audiencias está hoy en la cresta de una ola que le permite soñar con un título, nada menos que 13 años después de haber vivido el mejor ciclo de su historia.
Tener tres superestrellas juntas en un equipo es cuestión de elegidos, pero con mucho trabajo detrás. Pues bien, Oklahoma hizo realidad durante tres temporadas esta ilusión que parecía imposible por el Fair Play financiero que limita el presupuesto de las franquicias.
Con increíbles selecciones en los drafts, creó un equipo competitivo con Kevin Durant (elegido segundo en 2007), Russell Westbrook (4° en 2008) y James Harden (3° en 2009). Pero aquel trío no pudo convertir la esperanza en un anillo de campeón y después de perder la final de la NBA en 2012 ante Miami Heat las estrellas se fueron y todo se desmoronó.
Pero el Thunder se reconstruyó, volvió a sus raíces y con mucho del estilo de los gloriosos Spurs tetracampeones con Emanuel Ginóbili, se convirtió en el equipo sensación y sueña con ser el campeón de la NBA.
Juega como lo hacía el San Antonio Spurs de Gregg Popovich, Tim Duncan, Tony Parker y Manu, con circulación rápida de la pelota, buscando los espacios en la pintura o para dejar a los tiradores libres de marca.
Oklahoma es el dueño del mejor récord de la NBA, con 57 triunfos y 12 derrotas, por lo que no solamente ya se clasificó a los playoffs sino que también se aseguró el primer lugar de la Conferencia Oeste porque Houston (45-25) lo sigue bien lejos. Cleveland Cavaliers lidera el Este con 56-13.
El líder del equipo es el canadiense Shai Gilgeous-Alexander, quien a los 26 años pelea mano a mano con el serbio Nikola Jokic por el premio al Jugador Más Valioso de la temporada. No es para menos. El todoterreno promedia 33 puntos (máximo anotador de la NBA), 5 rebotes y 6,2 asistencias. Pero detrás de todo gran equipo hay una historia y muchos jugadores. A repasarla entonces…

La construcción del equipo
La franquicia del sur de Estados Unidos no se hubiera reconstruido sin la visión estratégica de Sam Presti. El vicepresidente ejecutivo y manager general llegó en 2007 de la mano del grupo propietario Professional Basketball Club LLC. Nacido el 1° de noviembre de 1977, desde joven mostró interés por el básquetbol, se metió en el mundo de la gestión deportiva y en 2002 comenzó su carrera en la NBA como asistente de Scouting en San Antonio Spurs.
En la franquicia texana se destacó por su aguda capacidad para evaluar el talento de los jugadores y su enfoque analítico en la construcción de equipos. Como subdirector general, fue otra de las piezas importantes para que el San Antonio de Ginóbili ganara los campeonatos de 2003, 2005 y 2007.
Se involucró en Seattle Supersonics como el número 1 de la NBA en su puesto en 2007 y Clay Bennett lo nombró manager general. Un año después la franquicia pasó a ser Oklahoma City Thunder.
Con sólo 29 años, logró convertirse en uno de los más jóvenes en la historia de la liga en ocupar ese rol. Su ojo para identificar jóvenes promesas y su capacidad para mezclar estadísticas con intuición lo llevaron a realizar algunos de los movimientos más trascendentales en la historia reciente de la NBA.

Presti eligió en 2007 a Durant y más tarde a Westbrook y a Harden. La fórmula parecía sencilla: construir un equipo con jóvenes talentosos y rodearlos con jugadores de rol, mientras se mantenía la flexibilidad financiera para adaptarse a los movimientos del mercado y no incumplir la regla del Fair Play financiero.
Tras la salida de las grandes estrellas, Presti nunca dejó de apostar por su enfoque estratégico. Gilgeous-Alexander llegó en 2019 producto del traspaso de Paul George a Los Angeles Clippers y también arribó el base Chris Paul. Oklahoma perdió en la primera ronda de los playoffs ante Houston y el equipo decidió entrar en una nueva etapa de reconstrucción, apostando al crecimiento y formación de jugadores jóvenes.
En 2020, Mark Daigneault asumió como entrenador después de serlo en el equipo de Oklahoma en la G League entre 2014 y 2019 y de ser asistente del Thunder en 2019.

Llegaron tres importantes selecciones del draft. En 2021 arribó el base australiano Josh Giddey (hoy en Chicago Bulls), Jalen Williams aterrizó en 2022 y un año después se sumó Chet Holmgren, una de las grandes promesas de su generación, con el pick número 2. Sin embargo, este último jugó poco por dos fracturas: primero en la parte media del pie derecho y luego en el ala ilíaca derecha de la pelvis.
Para la temporada 2023/24, el Thunder logró renacer. Gilgeous-Alexander se consolidó como la estrella y junto a Holmgren y a Williams dominaron el Oeste con una marca imponente de 57-25 para ser el mejor de la etapa regular. Sin embargo, fueron eliminados en la semifinal del Oeste por Dallas por 4-2.
Oklahoma City Thunder tiene hoy un equipo que volvió a ser la sensación de la NBA con un plantel joven, que demuestra que tiene todo para poder romper de una vez por todas la pared y consagrarse por primera vez en la historia como campeón de la NBA. ¿Podrá levantar el trofeo Larry O’Brien o los fantasmas del pasado, aquellos de momentos de frustración y sueños rotos, recobrarán vida?
De Seattle a Oklahoma
Antes de transformarse en Oklahoma City Thunder, la franquicia original fue esa legendaria de los Seattle Supersonics, el equipo del estado de Washington que escribió páginas doradas en la década del 70 al ser finalista en 1978 y campeón en 1979. Pero en el deporte los negocios van por la vereda opuesta al romanticismo de los fanáticos, algo que hizo valer el grupo Professional Basketball Club LLC, que lanzó una inesperada noticia: mudarse de ciudad y comenzar una reconstrucción del equipo.
Clay Bennett, a través de su grupo inversor, compró la franquicia en 2006 y llevó a una elección la idea de cambiar de ciudad y de estado. Al recibir el voto positivo de todos los propietarios de las franquicias, menos de los de Dallas Mavericks y Portland Trail Blaers, comenzó la extinción completa de uno de los equipos más añorados en la historia de la NBA, donde Rubén Wolkowyski, luego campeón olímpico en Atenas 2004, jugó 34 partidos en la temporada 2000-2001.
Con el arribo a la nueva ciudad, a Kevin Durant primero se le sumó Russell Westbrook y posteriormente James Harden para el armado de un equipo destinado a dominar la NBA, pero que nunca logró cruzar la puerta hacia el éxito.

Bajo las órdenes de Scott Brooks, en 2010 lograron el pase a los playoffs con 50 victorias, pero cayeron 4-2 ante Los Angeles Lakers de Kobe Bryant. Un año más tarde, Oklahoma demostró su potencial: con 55 victorias, llegó a las finales de la Conferencia Oeste, donde perdió 4-1 ante Dallas.
En la temporada 2011/12, el camino al éxito parecía marcado. En la postemporada no les dieron oportunidad a sus rivales: eliminaron 4-0 a Dallas, 4-1 a los Lakers y 4-2 a los Spurs de Ginóbili en la final del Oeste. El anillo estaba a la vuelta de la esquina, pero el trío estelar perdió 4-1 las finales ante el imponente Miami Heat de Dwyane Wade y LeBron James.
El golpe fue duro pero lógico para un grupo muy joven: Durant y Westbrook tenían 23 años y Harden, 22. El futuro prometía el éxito que se les negó y el egocentrismo de algunos dio paso al éxodo que rompió a ese Big Three y a la potencia que prometía ser Oklahoma City Thunder.
El primero en salir fue Harden, quien se fue a Houston Rockets, algo que lo potenció. En Texas, se convirtió en uno de los mejores jugadores ofensivos de la última década. Durant y Westbrook lideraron al equipo a dos finales más del Oeste, pero en 2014 perdieron 4-2 con los Spurs de Ginóbili -a la postre campeones de la NBA ante Miami- y en 2016 cayeron 4-3 con el temible Golden State Warriors.
Después de tanto insistir con la franquicia que lo formó y creó como estrella de la NBA, Durant siguió los pasos de Harden y salió del equipo en busca de ese primer anillo que todas las estrellas sueñan con obtener y se unió a Golden State para formar otro gran trío con Stephen Curry y Draymond Green, con los cuales ganó el título en 2017 y en 2018 y fue nombrado en MVP de las finales en ambas definiciones.
El último en salir fue Westbrook después de 11 temporadas, para unirse a Houston con La Barba en 2019. Llegaron tres años aciagos sin playoffs hasta la reconstrucción de la temporada pasada. Y hoy se animan a soñar.