Una vida de Copas

11 enero, 2016

Por Waldemar Iglesias | Para Diario Clarín

Fecha de publicación: 6 agosto 2012

Historias no tan mínimas
En 1900 ya se jugaba en el país una Copa oficial. En la final de la Copa Argentina chocarán esta semana Boca y Racing, los dos clubes que más títulos ganaron en esos torneos.

Los ingleses saben como nadie lo que significa la tradición aplicada al ámbito del fútbol. No hay casualidad, en consecuencia: el torneo oficial más antiguo en el territorio del deporte más popular es la Football Association Challenge Cup, la conocida FA Cup, esa competición capaz de llenar Wembley cualquier día de la semana. Se juega desde 1871, aquella edición ganada por el ya desaparecido Wanderers. También en el siglo XIX el más famoso Blackburn Rovers (que en la última temporada disputó la Premier League con la presencia del argentino Mauro Formica) se consagró cuatro veces y vivió entonces el momento más relevante de su historia. Fútbol de antes, sin televisación, sin sponsors, con fotos perdidas o ajadas por el tiempo inexorable. Sin embargo, en Inglaterra, aquel pasado remoto permanece vivo en la memoria y en los frecuentes homenajes de los clubes a sus glorias ya desaparecidas. Algo parecido sucede con la Copa del Rey, nacida en 1903 (con el título inaugural para el Athletic Bilbao que ahora conduce Marcelo Bielsa), y con la Copa Italia, surgida en 1922. De este lado del mundo, en nuestra Argentina, el pasado remoto se parece mucho a un olvido sin necesidad: de acuerdo con el estupendo relevamiento realizado por Jorge Iwanczuk en su libro «Historia del Fútbol Amateur en la Argenina», en 1900 ya se jugaba en el país una Copa oficial, la Copa Competencia, entonces ganada por Belgrano Athletic, el mismo que fue campeón de la máxima categoría del fútbol argentino y luego -ya camino al profesionalismo- optó por darles prioridad a otros deportes como el rugby.

Desde aquella ocasión fundacional se jugaron otras 83 ediciones de distintas Copas, con formatos variados, con nombres distintos y curiosos, con particularidades de asombro. En todos los casos se trató de competiciones oficiales homologadas por la AFA o por sus antecesoras, reconocidas como tales. Ninguno de esos torneos por eliminación consiguió la misma regularidad que sus versiones europeas. En tiempos del amateurismo, la Copa Competencia y la Copa de Honor se jugaban cada año y servían de complemento a un fútbol en permanente crecimiento y transformación. En los tramos finales, además, a los equipos de Buenos Aires se sumaban los de Rosario y luego en la llamada «final internacional» aparecía el representante de Uruguay. No era un tiempo cualquiera: en los años 20, el fútbol del Río de la Plata era el mejor del mundo. Así lo contaban los resultados en los Juegos Olímpicos y en los Sudamericanos. En ese mismo momento de la historia y un poco después también, la Copa Ibarguren enfrentaba al campeón de la Liga principal con el de Rosario (en general, Rosario Central o Newell’s, los dos gigantes de La Chicago argentina)

Con el profesionalismo nacieron otros formatos, nuevas Copas. En los años 30 y 40 estos eventos llenaban estadios con naturalidad. Nacieron la Beccar Varela, la Adrián Escobar (a la que se clasificaban los siete mejores equipos de la temporada de Primera), la Copa Pedro Ramírez (incluía a equipos del Interior), la Copa Competencia Británica (cuyo trofeo fue donado por el Rey George VI, el mismo que retrata la película «El discurso del Rey»). En 1958, se jugó la mítica Copa Suecia, que comenzó en 1958 y terminó más de dos años después, con la consagración de Atlanta. Dice el periodista Néstor Straimel, ahora dirigente del Bohemio: «Estuve aquella vez en el Gasómetro. La Copa más larga de la historia terminó con una alegría que fue presenciada por más de 40.000 personas». La irrupción en el ámbito internacional de la Copa Libertadores en 1960 finalizó con esta tradición e impulsó otra, que sobrevivió en el tiempo hasta estos días de apogeo. Con un detalle que con los ojos del tiempo parece mentira: el máximo torneo continental no resultaba prioritario para la mayoría de los clubes. Sirve el ejemplo de San Lorenzo: en la primera edición cedió su condición de local en un encuentro decisivo frente a Peñarol, por las semifinales. El equipo uruguayo lo aprevechó: ganó el encuentro y luego se consagró campeón ante Olimpia de Paraguay.

A partir de entonces, sólo se disputaron dos Copas nacionales completas. En 1969, la Copa Argentina la ganó Boca en una doble final frente a Atlanta; en semifinales habían quedado varados Rosario Central y Colón. La edición siguiente fue detenida y suspendida en las finales. La última competición de Copa fue la Centenario, que comenzó en 1993 y finalizó en el verano de 1994 con la victoria de Gimnasia La Plata frente a River. La llegada ahora de la nueva Copa Argentina es también un impulso para aquel pasado. Se percibe en algunos clubes: la semana pasada Atlanta presentó su camiseta para la próxima campaña en la B Metropolitana con la estrella que evoca la conquista de la Copa Suecia; en el estadio Tomás Ducó, por primera vez, se pintaron las siete estrellas de sus consagraciones coperas; en la camiseta de Gimnasia La Plata luce al lado de su campeonato de 1929 la alegría de la Copa Centenario; Boca organiza campañas de marketing con sus sponsors sumando estos triunfos a su impresionante constelación de éxitos.

Diego Ariel Estevez -periodista e historiador, autor del libro «38 campeones del fútbol argentino»- sostiene: «El fútbol argentino tenía una deuda con su historia, un pagaré sin levantar que lastimaba su memoria, y desde mediados del año pasado lo comenzó a saldar con la vuelta de las tradicionales copas locales. La Copa Argentina 2011-12 recuperó una tradición discontinuada desde 1993-94. Ese trofeo no se llamó «Centenario» por casualidad: lejos de la (mala) costumbre de muchos periodistas y simpatizantes de considerar la historia a partir de 1931, cuando surgió el profesionalismo, la AFA reconoce a su primera antecesora como fundada en 1893, e incluso también debería tomar en cuenta a la efímera entidad que en 1891 consagró a Saint Andrew’s y Old Caledonians como primeros campeones del fútbol nacional. Siete años (o nueve) más tarde, en 1900, arrancó el primer certamen copero, la Copa Competencia «Chevallier Boutell» o Tie Cup Competition, con la participación de los cuatro equipos de la por entonces llamada Primera Liga (English High School, Belgrano Athletic, Lomas Athletic y Quilmes), un rosarino (Rosario Athletic) y dos uruguayos (Albión y el CURCC, actual Peñarol). Todo inspirado en la hoy famosísima FA Cup inglesa, el certamen de clubes más antiguo del mundo. Cinco años después se sumó la Copa de Honor «Cousenier», con final exclusiva en Montevideo (la Competencia se definía siempre en Buenos Aires). La relevancia de estos torneos de Copa en el pasado era muy alta, sobre todo hasta fines de la década de 1940. Los ejemplos que nos llegan desde los países más fuertes de Europa (FA Cup, Copa del Rey, Copa Italia, Copa de Alemania, etc.) nos hacen ver que estamos en el camino correcto». Oscar Barnade -periodista, historiador y coautor del libro «Mitos y creencias del fútbol argentino- ofrece una mirada interesante: «Siempre pongo un ejemplo: el equipo de Boca campeón de los años 20. Hay una foto en la que el plantel está posando con cuatro copas. Es decir, ganó todo lo que se podía en aquel tiempo, el torneo local y las copas oficiales de la época. El rostro de los jugadores denota orgullo, satisfacción. Como cada uno de los campeones de esta época, ganen el torneo local, la Libertadores, la Recopa, la Sudamericana, la Suruga Bank o la inminente Copa Argentina. Entonces, pregunto: ¿por qué noventa años después vamos a minimizar o desestimar aquellas conquistas? ¿con qué derecho valorizamos desde un tiempo tan lejano? Está claro que la organización fue oficial y la ley pareja para todos. Además, a ningún hincha joven (y aquí aglutino a periodistas, dirigentes y simpatizantes) joven de esta época le gustaría que dentro de 50 años, los futuros jóvenes desestimen o ninguneen las copas o los torneos actuales por ser irregulares, desprolijos o mediocres, por citar tres características. Son oficiales. Valorizar la historia, tener memoria, siempre es un buen ejercicio. En todos los órdenes de la vida». La Copa Argentina, de algún modo, llega para desempolvar aquel pasado o para resignificarlo. El estadio Bicentenario de San Juan, con entradas agotadas para la final 2012, es el más fuerte de los indicios. Estevez, Barnade y muchos de los integrantes del Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol (CIHF) fueron y son los que iluminaron e iluminan estas competiciones que parecían condenadas a la postergación y al olvido.

Ahora, el destino quiso que en la final se enfrentaran los dos clubes que más Copas nacionales ganaron: Racing (con 12) y Boca (con 11). De algún modo, un partido para determinar al Rey de Copas local. Detrás de ellos también se ubican tradicionales equipos de Primera: Independiente (con 9), River y Huracán (ambos con 7). A diferencia de las anteriores ediciones este encuentro decisivo conduce a una competición anual internacional por primera vez en la historia. En este 2012, el campeón se clasificará a la Copa Sudamericana. Y a partir de la siguiente edición, el que resulte vencedor accederá a la Libertadores. El detalle alimenta el entusiasmo de cualquier postergado: Juventud Antoniana de Salta y Excursionistas comienzan con las mismas chances que Arsenal, el campeón de Primera.

La actual Copa Argentina la cuenta la propia empresa organizadora -Santa Mónica- a través de su sitio oficial: «Es un torneo absolutamente integrador, solidario y nacional. Es la primera competencia oficial de AFA que agrupa a clubes de distintas divisionales junto con los clubes representados por el Consejo Federal». Y Romeo Cotorruelo Menta, vicepresidente ejecutivo del Grupo Santa Mónica Sports, comentó en los días iniciales cómo nació esta idea: «Este torneo es la concreción de un anhelo del Presidente de la AFA, Don Julio Grondona, quien quería organizar un campeonato de fútbol de naturaleza federal y solidaria; que en cada edición, los equipos tengan el propósito y el objetivo de proyectarse a escala nacional y continental. Para los aficionados del interior del país es esa posibilidad de ver en los estadios de sus localidades, cada temporada y en una competición oficial de carácter nacional, a los principales equipos de fútbol del país compitiendo entre ellos y con los clubes más modestos». Tal vez sea todo eso, pero seguro no se trata de una historia nueva. Es la continuidad de un recorrido que con el impulso de la nueva competición vuelve a asomar en la escena del fútbol argentino.

Link: http://www.clarin.com/deportes/vida-Copas_0_750525151.html

Facebook