Osvaldo Gorgazzi: “La Copa Competencia tuvo una importancia tan grande que era más valorada que el campeonato tradicional”

18 agosto, 2017

Tácticas, goles,  socios, campeonatos. El fútbol está plagado de números, pero pocos se animarían a vincularlo a una ciencia exacta. Tampoco Osvaldo Gorgazzi, historiador y vicepresidente segundo del Museo de River Plate. Sin embargo su pasión por las tablas y las estadísticas tuvieron mucho que ver en la elección de la Licenciatura en Ciencias de la Computación de la cual es egresado en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA.

 

 -¿A qué se debió el interés por los números desde pequeño?

– De chico me llamaban la atención las estadísticas, las tablas, sumaba y comparaba una columna con otra. Fue algo natural para mí y está relacionado con la matemática. Siempre me gustó más esa parte de la historia del fútbol, la estadística, que la historia en sí de seguir a un jugador. Porque es discutible si Ángel Labruna hizo 293, 294 o 295 goles ya que siempre hay algo que distorsiona la estadística respecto al concepto que se utilice. Ahora hay algunas reglas que hizo el CIHF (Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol)en las cuales uno puede ajustarse, pero también hay otros autores que prefieren otras.

 

-¿Tienen un carácter subjetivo las estadísticas cuando en general se piensa que tienden a la objetividad absoluta?

La estadística de goleadores puede ser un tanto subjetiva, la de puntos, no. Los puntos son los puntos. Si hubo algo subjetivo es el ente que organizaba el torneo y decidió quitarte puntos. Lo tenemos que aceptar aunque estemos en contra. Si creemos que la AFA se equivocó y encima nosotros hacemos una tabla distinta, estamos distorsionando la historia. Si no estoy de acuerdo lo pondré como critica, pero no puedo decir que un equipo determinado tiene más puntos que otro si no fue la verdad de lo sucedido.

 

Tiene que ver con los distintos momentos históricos que atraviesan el fútbol, en el cual las entidades que rigen el deporte han tomado infinidad de decisiones contradictorias como cualquier otra institución…

Hay que tener en claro que la historia no tiene lógica. Uno de los peores temas es hacer comparaciones extemporáneas y buscar una lógica. Hay que entender que no son ciencias exactas y aceptar la historia como se dio.

Entre los historiadores hay una pauta muy clara: no podes juzgar a una persona que vivió hace dos mil años con las reglas morales actuales porque todos serían asesinos, ya que por aquel entonces la ley de la vida estaba vinculada a defenderse y quizás terminabas matando a alguien para sobrevivir. Hoy eso está penado por la ley, quiere decir que hubo una evolución de la humanidad a respetar ciertas normas que antes eran más laxas o directamente no existían, pero no por ello podemos decir que una persona que vivió dos mil años atrás y por supervivencia mató a otro era una asesina, incluso porque la sociedad misma de su época no lo consideraba así.

 

-¿Hay posibilidades de analizar con un prisma actual los primeros años del fútbol en nuestro país?

Todo se puede estudiar y cada vez tenemos más elementos, surgen más cosas, incluso muchas que se perdieron. Por ejemplo estamos esperando descubrir los resultados de 1895 que aún son incompletos. Cuando era chico soñaba con ver todos los resultados de los Juegos Olímpicos, en ese momento no se conseguían, luego apareció internet y ahora están todos al alcance de la mano, pero hace treinta años atrás era imposible. Hay una evolución técnica que te permite acceder a cosas que antes no llegabas. En ese sentido faltan muchas cosas por descubrir.

 

-¿El desarrollo de las nuevas tecnologías posibilita revisar la historia?

Las nuevas tecnologías nos acercan cosas que antes tenía muy poca gente, entonces si tenés tres elementos y juzgas la historia con ellos quizás te dé una deducción que no es igual a que cien personas tengan cincuenta elementos para discutir un hecho. Hay más opiniones, con lo cual se puede tener una visión más clara.
También es cierto que a lo largo del tiempo muchas evidencias se van perdiendo. Hay que ser humildes y reconocer que en cualquier momento puede aparecer una evidencia que haga cambiar nuestras opiniones. Un problema común es que una vez que se tomó una decisión, en general, no se la quiere cambiar por más que aparezcan nuevas evidencias. Cuando en realidad, es necesario volver a revisar todo otra vez.

 

-¿Hay una combinación de pereza intelectual y ego?

Claro, hay ego.  A todos nos cuesta reconocer que nos equivocamos. Lo curioso es descubrirte un error y verlo que está replicado varias veces por distintas personas.

Por ejemplo en 1965, el partido disputado entre Independiente y Racing. Casi todas las tablas dicen que el resultado fue 2 a 2 y en realidad el partido no terminó. La tabla es ambos equipos con un partido menos.
Si vas a la fuente y seguís todas las resoluciones del Tribunal de Disciplina, reflejan que se orientó reanudar el partido pero esto nunca se hizo, por ende nunca finalizó, entonces no se puede poner como partido terminado. Estas cuestiones las tenemos que ir corrigiendo con el tiempo.

 

-¿No se corre el riesgo de terminar en una discusión bizantina y endógena entre historiadores?

A veces sí. He llegado a veces a discutir cosas donde ambos estamos diciendo lo mismo pero la cuestión es imponer nuestra forma de decirlo, que quizás difiera de otra en aspectos pequeños y hace que se agigante. De todas maneras, no sé si al grueso de la gente le interesa lo que pasó en 1891 con el fútbol, aunque sería muy lindo.

 

-Hay historiadores, como Felipe Pigna o Norberto Galasso, que tuvieron la capacidad de divulgar de manera interesante hechos que hasta el momento eran aburridos o desconocidos para el conjunto de la sociedad ¿Cuáles son las claves para que estos debates sean masivos?

Supongo que estoy en la parte más aburrida, porque recopilar goles y puntos quizás no sea la más fácil de digerir pero también es cierto que muchos necesitan una base de sustentación y esos números son buscados. Luego, muchos ponen la fuente y otros no, y quizás eso te costó un año de trabajo y muchas veces se publica sin siquiera nombrarlo. En ello las redes sociales aceleran la situación pero esto existe desde siempre. Copiar y pegar existe desde antes.

 

-¿Y eso sucedió en parte del periodismo que tomó las estadísticas que presentó Pablo Ramírez en la revista “El Gráfico”?

Lamentablemente Pablo Ramírez parece ser el malo de la película. Claro que le hemos encontrado errores pero cualquiera que publica se puede equivocar. El tema de mayor conflicto es su posición netamente en favor del profesionalismo aunque en su último trabajo empezó a revertir algo de eso. Compartí una tarde con él y me mostró sus archivos que me parecieron impresionantes.

 

-¿Cuáles son los puntos que aún presentan divergencias entre los historiadores?

Discrepancias hay en las formas en las que contás y agrupás las cosas, por eso es importante aclarar el criterio desde donde lo hacés. Muchas veces la letra chica de los comentarios es salteada pero es muy importante. Por ejemplo, si para estandarizar contás de una manera, es necesario siempre aclararlo. No podemos obviar que en 1931 pasó algo más allá de que contemos la historia completa, lo mismo en 1967 con el Campeonato Nacional, y quizás este año debamos hacerlo con la aparición de la Superliga.

 

-¿Se pueden contar historias a través de las estadísticas?

De alguna manera, se puede. A mí, me gustan mucho los primeros años del amateurismo, existen un montón de anécdotas en las cuales los equipos se quejaban por cómo eran tratados. Siempre me llamó la atención como quedó en el olvido la Copa Competencia que tuvo una importancia tan grande que era más valorada que el campeonato tradicional, sin embargo con el tiempo eso se fue perdiendo. Uno de los factores puede ser que cuando algo tiene éxito siempre se lo replica, y en este caso aparecieron gran cantidad de copas.

Otra curiosidad histórica es la primacía que tenía Buenos Aires. Esto puede observarse inclusive en los inicios del amateurismo donde asociaciones de Uruguay, Chile y Río de Janeiro estaban afiliadas a lo que hoy conocemos como AFA, que actuaba como una especie de confederación sudamericana. Lo más curioso es que le reconocían cierto derecho a legislar.

Incluso el fútbol que llamamos “la nuestra”, esa forma de jugar asociada es muy similar a cómo jugaban los escoceses, en cambio el fútbol paraguayo se parecía más al inglés: pelotazo buscando la cabeza del delantero, más allá de que esto ha cambiado con el correr del tiempo.

 

Jonathan Wilson en su libro “La pirámide invertida” realiza un repaso por la historia de la táctica en el fútbol y señala un quiebre con “la nuestra” post derrotas del Mundial de 1958. ¿A qué se debe en la actualidad esta manera más conservadora que prevalece en el fútbol argentino?

 Cinco delanteros de punta para mí, nunca hubo. Era una forma de alinear y presentarlo, la cual me encanta. El tema de ser más conservador pasa más por la no derrota que por el triunfo. No quiero perder por sobre todo, sin embargo hay un detalle que es fundamental: el fútbol es uno de los pocos deportes que le da muchas chances al débil.
Cuántas historias del fútbol se basan en ese tipo de experiencias. Muchas veces el empate puede ser algo glorioso si sos de un equipo chico y jugás en el estadio más difícil del país o enfrentás a un equipo que te lleva 20 puntos. Ese punto obtenido implica llevarte una alegría enorme.

 

-¿Cómo confluyen en vos la lógica de las ciencias exactas y los vaivenes que muchas veces tiene la historia? ¿Hay pasión en las estadísticas?

 La pasión la traté de ir dominando de a poco. Como hombre de las ciencias exactas busqué que la pasión no me domine sino viceversa, lo cual es muy difícil porque uno el hincha siempre lo tiene adentro pero los números te ayudan a dominar la pasión. Si un equipo ganó, eso es un dato objetivo, no puedo eludirlo. La experiencia y los años también contribuyen a dominar la pasión.

También hay pasión en las estadísticas. Si me gustan es porque me apasionan, y reemplacé la pasión por algún equipo por los números y las estadísticas más frías. Hasta he insultado a algún número como cuando cambiaron de dos a tres puntos y tuve que rearmar todas mis formas de llevar las tablas.

 

-¿Cuánta de esa pasión llevas al Museo de River Plate?

Allí vuelco pasión y estadísticas, aunque te piden trabajos más objetivos sobre un determinado equipo, por ejemplo ¿Qué pasó con River en 1932? Entonces me dedico a armar los números de ese año. También he realizado muchos trabajos estadísticos para consumo personal pero no los publico o solo circulan en ámbitos reducidos. Otras veces ocurre que están latentes y ante determinado suceso salen a la luz y toman notoriedad.

En este momento estoy con las actas más antiguas de River, sus memorias y balances y preparando un trabajo de digitalización para ponerlo al servicio del Museo. Es un desafío enorme rescatar la historia que está en papeles, digitalizarla y que tenga un alcance más masivo. Además sirve para que se conozca el porqué de ciertas decisiones. Por ejemplo River estuvo a punto de no subirse al fútbol profesional porque Bacigaluppi, el presidente de aquel entonces, no lo avalaba, y la comisión directiva tomó cartas en el asunto y fue en contra de su opinión. El presidente renunció y se tomó la decisión mayoritaria de la comisión directiva ad referéndum de la asamblea. Hoy imaginarse el campeonato profesional de 1931 sin River sería insólito.

Hemos encontrado objetos arrumbados en depósitos del club que ahora están en el Museo con una explicación de lo que significan y lo que representaron. Rescatamos objetos de la historia de River, el Torino y aquel accidente de Supergaque para todo hincha es importante. Directivos de dicho club se acercaron para generar nuevamente una hermandad entre ambas entidades.

 

-¿Qué elementos de la historia de Boca Juniors rescatas yqué cuestiones de la historia de River pensás que pueden investigarse aún más?

El museo de Boca se inauguró antes que el de River y ambos tienen una temática similar. Posiblemente el de River sea un poco más amplio por una cuestión de espacio pero hay que reconocer que Boca hizo punta en ese aspecto. Ellos también rescatan los triunfos de su club en el contexto histórico en el cual estaban insertas esas conquistas, con lo cual no solamente se está buscando que el hincha o el turista vea reflejado el éxito deportivo sino qué pasaba en la sociedad mientras los equipos ganaban.

Resalto del museo de Boca que tienen en una pared las fotos de todos los jugadores que han pasado por la institución. Allí hay un caso interesante, un jugador de Boca que jugó en River y está con la camiseta tricolor. Respecto a River, el desafío que tenemos es desarrollar qué pasó entre 1901 y 1904.  Tenemos muchos datos que queremos volcarlos en un libro.

 

-¿Tiene que ver con la fundación y el debate que hay respecto a la fecha?

Si. La aparición de River en 1904 y algunos acontecimientos pre fundacionales que posiblemente nunca sepamos. La fecha de fundación de los clubes es siempre una convención, el ejemplo es el famoso Buenos Aires English High School, del que surgió Alumni, ya que toman como fecha de fundación el primer día de clases. Está más que claro que ese día no pueden haber contratado a todos los maestros, inscripto todos los alumnos y conseguido el edificio, evidentemente hubo una etapa previa a esa fecha.

En ese sentido estamos investigando sobre las actividades que se realizaron entre 1901 y 1904. Hay poca información, muchas veces se encuentran declaraciones contradictorias. Los fundadores, nos dejaron muchos interrogantes que estamos revelando de a poquito y cada vez que encontramos algo es como si hiciéramos un gol en la final del campeonato. El hecho de tener acceso al Museo nos permite contar con muchos descendientes que se acercan a contar determinadas cuestiones que sucedieron. Son detalles que a veces terminan de confirmar teorías o las desbaratan. Es una alegría muy grande.

*Entrevista realizada por Diego Bartalotta, Licenciado en Periodismo e Investigador Social.

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