LA INFANCIA DE NUESTRO FÚTBOL NO DEBE SER OLVIDADA

25 noviembre, 2015

Por Jorge Iwanczuc (año 2000)

Autor del Libro “La historia del fútbol amateur en la Argentina”
LA INFANCIA DE NUESTRO FÚTBOL NO DEBE SER OLVIDADA

Empezar a contar la historia del fútbol argentino desde el comienzo del profesionalismo es como pretender reseñar la vida de una persona escribiendo su biografía desde los dieciocho años. ¡Y vaya si se viven cosas antes de esa edad! Si las camisetas eran iguales y los nombres también, las canchas estaban ubicadas en los mismos lugares y, sobre todo, la pasión siguió siendo idéntica para los cuarenta mil espectadores que ya llenaban estadios, no se comprende el punto y aparte, el silencio respecto de ese período. Determinar por qué no se incorpora el amateurismo a la historia total del fútbol implica moverse en el campo de las conjeturas, porque no existe un motivo claro, determinante.

Habría que pensar primero que por aquellos días, cuando los clubes decidieron el “gran paso”, el hecho de monetizar la actividad y no jugar más por amor a la camiseta implicó para muchos un concepto moral diferente y resistido; para otros fue un acontecimiento decisivo que se vivió como un cambio radical, una etapa nueva que blanqueaba situaciones confusas ocurridas durante la última década anterior al profesionalismo, llamada “amateurismo marrón”. Es evidente que la sensación de estar transitando un momento fundacional, el comienzo de “un nuevo fútbol”, llevó a los pocos estadígrafos e historiadores de la época, imbuidos tal vez por ese espíritu de etapa nueva que se respiraba, a realizar su tarea a partir de los primeros partidos del profesionalismo. Y esto sentó precedente en el periodismo. A partir de entonces nadie se animó a desandar el camino, investigando y rompiendo con la falencia hecha costumbre. Probablemente en ese punto deberíamos alegar consideraciones sociológicas que nos muestran a los argentinos como pocos afectos a preservar el pasado y la memoria.

Es curioso, sin embargo, que se reseñe en forma completa la historia de la Selección Nacional desde sus inicios en 1902 y no la de los clubes. Buscar en la historia amateur es una ardua tarea que no muchos están dispuestos a hacer. Se requiere método y paciencia, porque la información no viene, como hoy, en crónicas resumidas y tampoco los comentarios que se publicaban eran tan detallados y profusos. En fin, se necesita la pasión del arqueólogo y la paciencia de un orfebre para reconstruir lo que pasó, en un tiempo signado por lo utilitario. Y la memoria no produce rédito económico. Entonces, es más fácil argumentar que hay temas más urgentes en el fútbol o que el amateurismo estaba plagado de desprolijidades.

Volviendo a la idea del comienzo, si en la biografía de cualquier personaje, así como en el diván de un psicólogo, la niñez es jugosamente desmenuzada y la mayoría de edad no es sinónimo de cambio radical ni implica haber arribado a la madurez, ¿por qué empeñarse en desconocer la infancia del fútbol? Sobre todo en este final de siglo, en el que la realidad actual del deporte nos conmina a preguntarnos por su identidad.

Fuente: Periódico El Barrio

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